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Razón e intuición, un tándem robusto

fotoEnebral
Consultor y storyteller
 

El refuerzo intuitivo nutre nuestra creatividad, perspicacia, prudencia, sagacidad, objetividad, empatía, perspectiva, penetración analítica... y por tanto el acierto en nuestras decisiones. Nos amparamos en la razón y lo seguiremos haciendo, pero lo cierto es que la intuición nos acompaña cada día en el trabajo, nos ayuda a advertir riesgos, a identificar oportunidades, a confiar o desconfiar, a percibir realidades ocultas, a comunicarnos, a reaccionar en ocasiones especiales, a fluir en la tarea y a encontrar soluciones innovadoras.

Así como al final de los años ´90 se abrió espacio a las emociones en la empresa, y pronto se relacionó la inteligencia emocional con el deseable liderazgo de los directivos, hoy, diez años después, en plena emergencia de la economía del saber y el innovar, parece ciertamente llegado el turno de la intuición genuina, cognitiva y emocional, que sin embargo resulta necesaria tanto en el perfil de los directivos como en el de los nuevos trabajadores del conocimiento, aprendedores permanentes.

Al hablar, por ejemplo, de talento (directivo o técnico) como habilidad innata para hacer algo especialmente bien, hemos de apuntar ciertamente a la intuición, que además de alimentarse del inconsciente adquirido, lo hace del heredado: no sabemos por qué somos singularmente buenos en algo y señalamos al conocimiento innato-intuitivo. Sin embargo, más que heredar la habilidad, heredamos la facilidad para desarrollarla, y no debemos reducir el esfuerzo correspondiente. Hoy tenemos alguna experiencia relacionada con los jóvenes directivos talentosos, y sabemos que el talento ha de cultivarse y encauzarse debidamente, como igualmente decimos que la intuición ha de someterse al asenso de la razón, para la que constituye un complemento valioso.

También sabemos que muchos avances científicos en todos los campos se deben a la intuición, y que cabe vincular esta especial facultad con sonoros éxitos empresariales y casos de innovación. Grandes empresarios, entre ellos Masaru Ibuka (Sony) o Ray Kroc (McDonald´s), confesaron guiarse por la intuición como lo hace ahora Bill Gates; pero cabe insistir en que, en armonía con la razón, funciona cada día en diversos niveles operativos. Habría que obtener mayor provecho de este tándem -intuición y razón- en la economía emergente.

No se trata de que la intuición se imponga en la vida profesional, sino exactamente de que sea mejor aprovechada por la razón; de que, en beneficio del acierto en la solución de problemas o la toma de decisiones, aprovechemos nuestro saber inconscientemente atesorado. La razón interpreta y analiza cada señal intuitiva, y resuelve luego. Ha de asegurar su autenticidad: que no se trate, por ejemplo, de una mera ocurrencia o de un prejuicio. La fenomenología intuitiva es plural y compleja, y también lo es su entendimiento con la razón, pero felizmente la intuición se muestra generosa con quienes la cultivan de modo idóneo.

Casi todos reconocemos manifestaciones como las siguientes: una certeza profunda e inexplicable; una solución repentina para un problema persistente; una oportuna idea, inesperada y valiosa; una apuesta decidida por determinada dirección en que aplicar nuestro esfuerzo; un peculiar sentimiento de confianza (o desconfianza) hacia una persona, un asunto, un proyecto o una información; una sensación, mental o visceral, de advertencia sobre riesgos o peligros; una interesante abstracción o conexión, surgida súbitamente del estudio de una documentación...

La intuición resulta plural en sus manifestaciones, pero asimismo en las fuentes de que bebe y en la duración de las señales. En nuestro entorno empresarial, se nutre del inconsciente heredado y adquirido, pero también de la experiencia y la conciencia más escondida, sin descartar otras posibilidades. En cuanto a la duración de las señales, podemos hablar de impulsos fugaces, pero también de estados de fluidez intuitiva, como los estudiados por el profesor Mihaly Csikszentmihalyi hace unos diez años: hay veces en que parece que alguien nos dice qué hacer y todo nos sale bien.

Tags:  Razón e intuición josé enebral fernández gestión del conocimiento
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