Aprendizaje Efectivo - e(ffective)- learning

SIN FRONTERAS

fotomartinezPor Javier Martinez Aldanondo
Gerente División Gestión del Conocimiento de Catenaria

Hace un mes he tenido la oportunidad de participar como juez en los Brandon Hall Excellence in e-learning Awards 2003 y sin querer ser pesimista tengo la sensación de que estamos en plena crisis de innovación. Estamos cansados de escuchar que aprender a aprender es ya la habilidad clave. Todo el mundo lo manifiesta, pero casi nadie predica con el ejemplo.

Tampoco  parece haber mucho de nuevo en la web. E-learning aparenta un cierto estancamiento. Casi todos los cursos se parecen entre sí y actúan del mismo modo. En definitiva, se sigue hablando en términos de educación a distancia con tecnología. Se continúa operando con mentalidad editorial, digitalizando información y distribuyéndola como si el problema de nuestros días fuese el acceso a la información.

Imaginemos esta situación: mi objetivo es hacer una película partiendo de un best seller y para ello no se me ocurre nada mejor que proyectar cada página del libro en la pantalla del cine. Sería una monstruosidad inimaginable, descomunal. Hoy todos entendemos que la literatura es un mundo con sus características propias y el cine es otro totalmente distinto, con sus peculiaridades, ni mejor ni peores, simplemente diferentes. El cine permite sacar partido de las tecnologías, aunque ello no sea ninguna garantía de la calidad del producto final, pero esa es otra discusión.

Mientras la tónica sea continuar utilizando medios nuevos con mentalidad antigua, seguiremos sin explotar las infinitas posibilidades que tenemos ante nuestros ojos. Parafraseando a Seymour Papert "El ordenador es un medio de expresión humana y aunque no ha tenido todavía sus Shakespeare, Leonardo o Einstein, los tendrá".

Enriquecer el panorama

Parto de una premisa que posiblemente resulte inaceptable para muchos y por ello me gustaría que quien lea estas palabras no lo haga desde la posición de acuerdo o desacuerdo. Por el contrario, pido que se considere como una oportunidad de abrirse a miradas e interpretaciones diferentes que, entiendo, enriquecen el panorama:

El proceso de aprendizaje es un proceso personal. Soy yo el que aprendo y, al igual que pasa con comer, dormir o hacer deporte, nadie puede hacerlo por mí (aunque me pueden ayudar) y nadie me puede obligar. Es un proceso a largo plazo y no un producto. Así como nadie invierte dinero en un negocio y espera beneficios inmediatos, no se puede pretender invertir en aprendizaje y que los resultados sean rápidamente visibles. En este sentido, vale destacar que vivimos la era de la velocidad: fast-food, fast-training... ¿les suena?

Aprender es un hábito, es un remedio contra la ignorancia. Necesita motivación, tiempo y sobre todo práctica. El resultado del aprendizaje así entendido es la experiencia, y sus palabras hermanas como experimentar (hacer, probar, practicar) y experto (el que acumula gran cantidad de vivencias, casos y situaciones resueltas). Lo que aprendemos forma parte de nosotros, de nuestro bagaje y lo llevamos donde quiera que vayamos. Ahora bien, esto no significa que el aprendizaje sea individual y aislado.

La tecnología como herramienta

El aprendizaje es un fenómeno social que ocurre en el ámbito individual. El hombre es un ser social y aprende de otros y con otros. Este aspecto es especialmente relevante en el mundo profesional. Se valora más aprender de los pares, de un colega que vive la misma realidad y los mismos problemas, que de un ponente brillante, por lo general demasiado ajeno al día a día y por tanto demasiado teórico.

Personajes de ficción como Tarzán o Mowgli transmiten, entre otras cosas, el mensaje de que resulta imposible crecer como ser humano y avanzar en el desarrollo simplemente por la falta de pertenencia a una comunidad de iguales con quienes compartir, reflexionar, discutir y en definitiva, evolucionar y aprender.

El ser humano lo es desde la genética, pero sobre todo desde la pertenencia a un grupo social organizado. Partiendo de esta dualidad y pensando en la manera en que la tecnología puede ayudar a mejorar este proceso, quiero reflexionar sobre dos aspectos básicos en todo programa de e-learning: la relación del alumno con los contenidos y la relación con sus compañeros y con el tutor que les guía.

Actualmente, la tarea fundamental que le espera a un alumno que pretende seguir un curso vía Internet, es sentarse delante de la pantalla del ordenador, ponerse a leer y buscar el ícono que permite avanzar a la siguiente página. A esto se le llama interactividad. ¿Emocionante? No mucho. En función de lo atractivo que resulten los contenidos, tardará algo más de tiempo en darse por vencido. No crean que exagero, les aseguro que acabo de ratificarlo hace tan solo un mes en un concurso donde se presentan empresas de todo el mundo con sus mejores productos.

"Mientras la tónica sea continuar utilizando medios nuevos con mentalidad antigua, seguiremos sin explotar las infinitas posibilidades que tenemos ante nuestros ojos".

Desde un solo lado

La relación existente entre lo que un alumno lee en la pantalla y lo que vive en su puesto de trabajo es casi nula. El curso y su trabajo no suelen parecerse en nada. ¿Por qué sucede esto? Porque quienes diseñan los contenidos lo hacen desde su punto de vista, desde lo que ellos saben y creen que los demás deben saber. Los usuarios -clientes -alumnos rara vez participan en los procesos de diseño. Curioso, verdad? Yo pensaba que estábamos en la era donde "el cliente es el rey". En el e-learning, el alumno es el cliente. Y casi por primera vez en el mundo de la educación, empieza a tener la libertad de elegir cómo y cuándo quiere aprender, y puede juzgar y comparar los productos que recibe. Las cosas van a tener que cambiar.

¿Qué sentido hay en tener acceso rápido y fácil a contenidos pobres, aburridos y difícilmente transferibles al trabajo diario? Hasta la fecha, el planteamiento sigue siendo pensar cómo puedo gastar lo mínimo y hacer el menor esfuerzo posible para traspasar lo que ya tengo en presencial, a la web.

Los contenidos que los clientes empiezan a demandar ya no se van a parecer en nada a lo que la mayor parte de la "industria editorial" ha estado fabricando. Las personas no aprenden leyendo y el conocimiento no se mide en base de tests. Desde luego, es la manera más fácil y cómoda de fabricar productos y evaluar "conocimientos" pero no sirve para gran cosa.

Un papel más cercano a la realidad

Aprender es construir conocimiento. Y para lograr esto se necesitan buenos materiales. Nadie aprende a construir mirando y oyendo. Si estamos diseñando, por ejemplo, un curso de negociación, el resultado a evaluar es la capacidad de finalizar una negociación habiendo alcanzado X objetivos. Esa es la manera de medirlo, porque esa es la manera en que se nos mide en la vida real.

Un buen negociador es aquel que consigue los objetivos que buscaba al comenzar la negociación. Esto significa que para triunfar en este incipiente mercado habrá que plantearse las cosas de otra manera, más acorde con la forma en que las personas aprendemos naturalmente. El ser humano aprende haciendo, persiguiendo y tratando de alcanzar objetivos que le interesan (motivación), fracasando en su empeño, reflexionando y analizando los motivos de su error. Por lo general, con la ayuda de alguien más experimentado e intentándolo una y otra vez hasta conseguirlo.

Esto implica que el alumno de un curso bien diseñado va a tener que adoptar un papel activo, concretar tareas, resolver problemas, vivir situaciones. Así, primero viene la práctica y luego la teoría, si la necesita. Es muy importante que cometa errores durante el curso para que trate de explicarse los motivos y pueda recibir ayuda de colegas que ya los han vivido anteriormente. Es preferible que estas equivocaciones sean frente a la computadora, donde no tienen consecuencias, para que no los cometa en la vida real. Y que lo pase bien y lo disfrute.

Al ritmo que vivimos hoy en día, si no le vemos verdadera utilidad a algo o si no nos divierte, lo abandonamos inmediatamente, no podemos darnos el lujo de perder el tiempo.

Por tanto, los materiales deben tener la mayor apariencia de trabajo real posible. Esto implica incluir video y sonido cuando realmente sea relevante. En definitiva, debemos crear un entorno motivador donde el alumno tenga acceso a la información requerida en el momento que la necesite para sus propósitos, donde tenga libertad para explorar, investigar y razonar.

Así, primero viene la práctica y luego la teoría, si la necesita. Es muy importante que cometa errores durante el curso para que trate de explicarse los motivos y pueda recibir ayuda de colegas que ya los han vivido anteriormente. Es preferible que estas equivocaciones sean frente a la computadora, donde no tienen consecuencias, para que no los cometa en la vida real. Y que lo pase bien y lo disfrute.

La práctica y la teoría

En cuanto a la relación con los compañeros y el tutor, soy optimista, aunque el presente resulta todavía confuso. El papel que les espera a los tutores es brillante, polifacético, entretenido y creativo. Nunca ha estado más claro como ahora que la comunicación y la relación con otros tiene una enorme importancia en este proceso. Pero no sólo eso resulta fundamental. Una vez más caemos en el error de pensar que creando un entorno rico en relaciones y comunicaciones, las personas aprenderán automáticamente. Siguiendo con el ejemplo, ¿alguien cree que podrá aprender a negociar o a jugar al tenis por el hecho de pertenecer a una comunidad de expertos en el tema, por el hecho de leer artículos, participar en foros, chats, etc.? Me temo que no.

Insisto: aprenderá haciendo y practicando. Esto es, agarrando una raqueta para el caso del tenis o lidiando con innumerables casos y situaciones con distintos tipos de contrapartes para la negociación. Y es a partir de ahí donde todos esos recursos resultan un complemento valiosísimo.

Retomando el asunto de la práctica y la teoría, si yo no me hago una pregunta, no aprendo. Y por lo general no me la hago si no estoy haciendo algo y me encuentro con problemas inesperados. Y si no me cuestiono, ¿qué sentido tiene todo ese entorno rico en recursos con expertos, contenidos, relaciones, etc.? Si no me interesa, no le hago caso. ¿Cuántos nos acordamos de las principales noticias del noticiero de hace dos días? ¿O de las instrucciones de seguridad que hemos escuchado cientos de veces en los aviones?

Es común encontrar paradojas como comunidades "de práctica", que deberían estar ligadas a la experiencia y sin embargo son campo abonado de discusión teórica (muy respetable, desde luego). No nos engañemos, nadie aprenderá a negociar leyendo en la pantalla de una computadora, por mucho foro o tutores que tenga a su disposición.

Enseñar a construir el conocimiento

La labor de los tutores virtuales todavía está en fase de definición. Son un punto de apoyo trascendental para ayudar a que otros aprendan partiendo de la premisa de que es imposible enseñar. Lo que se puede hacer es facilitar el aprendizaje. Las personas no aprenden cuando lo deciden los profesores (todos los lunes de 3 a 5), sino cuando ellos lo necesitan o les interesa. Además, aprenden lo que ellos quieren y no lo que los profesores queremos que aprendan.

El conocimiento tácito no se transmite directamente sino que los alumnos lo deben construir. Este saber hacer lo aplicamos a diario en nuestro trabajo aunque no somos conscientes de ello ni lo hemos adquirido en un aula, sino a lo largo de años de trabajo, con la experiencia. El conocimiento explícito, la información, lo transferible directamente a otras personas mediante transparencias de PowerPoint, no tiene un valor especial. Existen infinitas fuentes de información, más aún con la desorganizada biblioteca de Internet, que la recogen con mayor detalle y precisión de lo que nosotros nunca haríamos.

Para enseñar a aprender, primero hay que aprender a enseñar. Y aquí radica el gran problema. La mayoría de los profesores identifican enseñar con decir a los alumnos cómo son las cosas o cómo deberían hacerlas. "Escuchá o leé, tomá apuntes, no preguntes nada que esté fuera del guión y haz el examen respondiendo como yo quiero que lo hagas (verdades absolutas)". ¿Es esto enseñar a aprender? ¿Cuál es el papel de los alumnos? El profesor es incapaz de enseñar a aprender porque jamás ha aprendido como enseñar. Cuando fue alumno en la facultad de Pedagogía se le llenó la cabeza de datos, como el coche cuyo depósito hay que llenar de gasolina. Y cuando ha llegado a ser profesor, se limita a repetir el modelo que siempre conoció. Ya sabemos cuál es el resultado: el alumno aprende poco y se olvida de casi todo y el profesor no aprende nada, se aburre y se frustra.

John Dewey decía que "la educación no es un asunto de narrar y escuchar, sino un proceso activo de construcción. Es un principio tan aceptado en la teoría como violado en la práctica".

Las personas no aprenden leyendo y el conocimiento no se mide en base de tests. Desde luego, es la manera más fácil y cómoda de fabricar productos y evaluar "conocimientos" pero no sirve para gran cosa.

La tecnología en segundo plano

Sin embargo, si el profesor adopta la postura de guía, de facilitador ayudando a que el alumno descubra y construya su camino, seleccionándole la información importante, considerando el derecho a equivocarse como un derecho fundamental del ser humano, fomentando que se haga preguntas, explore e investigue, estará en posición de facilitar aprender tantas cosas nuevas como alumnos tenga haciendo cosas, investigando, buscando soluciones, etc. Yo empiezo a identificar a los nuevos alumnos casi como "infotectives".

Fíjense que ni siquiera doy a las tecnologías un papel demasiado relevante, porque mientras no reconozcamos que tenemos un grave problema con el actual paradigma de aprendizaje, todo lo que venga a continuación estará viciado. Añadir tecnología a un modelo que no funciona tan solo contribuye a empeorarlo. Por eso la mayoría de experiencias en el ámbito del e-learning distan mucho de ser un éxito.

Tags:  javier martínez aldanondo gestión del conocimiento e-learning aprendizaje efectivo tecnología learning review
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