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Aprender a montar a caballo

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Formación y Desarrollo - Artículos y Entrevistas

fotorbardolet
Director de Nicomon Complete Business Solutions Ltd

(Enero 2012) En este artículo el autor nos cuenta de su nueva afición y sobre cómo trascendió este hobby en su trabajo, al tiempo que destaca la necesidad de planificar en el proceso de formación.

 

 

 

Aprender a montar a caballo es algo que nunca me había planteado. Sí, claro, alguna vez había hecho aquello de salir a pasear en caballo estando de vacaciones, pero eso no es más que sentarse y dejar que el caballo haga el resto -seguir al grupo. Si el paisaje es bonito, bien, pero aun así puede ser bastante aburrido y no tiene nada que ver con montar a caballo.

Por otra parte, mi mujer monta a caballo desde los 7 años y a menudo habla de sus vacaciones en el rancho en Canadá, o de cuando ayudaba en los establos en Japón; he visto las fotos y los vídeos y la verdad es que sí, parece muy idílico, pero no me llamaba mucho la atención.

El invierno pasado, cuando mis hijos tenían 6 y 8 años respectivamente, los llevamos a Trent Park, aquí en Londres, a que probaran clases de equitación. El tema había salido en conversación en varias ocasiones y a mi mujer le gustaba la idea de que compartieran esa afición.

Trent Park es un parque público en la campiña al norte de Londres a media hora en coche desde mi casa. En el siglo XIV Enrique IV lo utilizaba como coto de caza; a principios del siglo XX era lugar de recreo de personalidades como Charlie Chaplin y Winston Churchill y durante la segunda guerra mundial fue campo de prisioneros. Hoy en día alberga diversas instalaciones, entre ellas el campus de la universidad de Middlesex, un club de golf y el centro ecuestre.

A ambos les encantó desde el primer momento, así que cada fin de semana, hiciera sol, lloviera o -en un par de ocasiones- nevara, íbamos al centro ecuestre.

"Desde un punto de vista formativo, esta experiencia me ha permitido crear ejemplos para presentar los distintos elementos de un programa formativo".

Después de tres meses viendo cómo disfrutaban aprendiendo y cómo progresaban, y de estar rodeado de caballos, empecé a pensar que tal vez no sería una mala idea si yo lo probara. Así que en febrero (de 2011) decidí probar. Y cómo me alegro de haberlo hecho. Nunca hubiera pensado que me gustaría tanto. Supongo que no esperaba adquirir una nueva afición a los cuarenta y pico.

Desde un punto de vista formativo, esta experiencia me ha permitido crear ejemplos para presentar los distintos elementos de un programa formativo y el papel que estos juegan en las diferentes facetas de un proceso de formación, así como los aspectos que están fuera de nuestro control y que si no los tenemos en cuenta pueden descarrilar una estrategia perfectamente planificada.

Es un recurso que utiliza un asesor de formación con el que tuve el placer de colaborar hace unos años y que siempre me ha dado buenos resultados –identificar una actividad que te apasione, que incluya un cierto nivel de aprendizaje, establecer las relaciones con los ingredientes de un programa de formación y resaltar los paralelismos con cada fase del proceso.

 

Falta de planificación

Recientemente me reencontré con este colega y tuve la oportunidad de agradecerle esa "transferencia de conocimiento" y contarle cómo la utilizo en situaciones prácticas. A la vez, él me invitó a participar en su actual proyecto –revisar y corregir una implementación de e-learning.

"Los cambios en el sistema formativo se habían llevado a cabo sin la necesaria planificación y sin los procesos básicos indispensables."

Se trata del caso de una empresa de asistentes sociales a domicilio de Londres. Este sector, que ya venía acusando el efecto de los recortes presupuestarios como consecuencia de la crisis económica, ha sido, además, afectado por un cambio regulatorio en la adjudicación del dinero a las personas necesitadas de estos servicios. Este cambio ha creado un sistema de subasta en el que las empresas se ven forzadas a pujar a la baja el precio de la hora de servicio para conseguir los contratos.

Todos estos elementos contribuyen a que el salario que estas agencias pueden ofrecer sea muy bajo y, como consecuencia, el tipo de persona que atraen son personas con dificultades para encontrar otros empleos, bien sea por tener un nivel de educación limitado, por no hablar inglés o por ambos.

La empresa hizo un análisis de los procesos internos y los costes relacionados con los mismos y entre las decisiones que tomaron estaba el recorte del presupuesto de formación. Ante esta situación la responsable de este departamento decidió implementar una solución de e-learning para la mayor parte de las necesidades formativas del personal, desde los cursos de inducción hasta los cursos de gestión de alimentos y medicación, pasando por la formación sobre los procedimientos de emergencias.

Recordemos que estamos hablando de personas con un bajo nivel de educación, con poca o nula experiencia manejando ordenadores y con un nivel de inglés muy básico, y que hasta ahora habían recibido formación presencial exclusivamente.

Aproximadamente seis meses después de este cambio la empresa se dio cuenta que el número de incidentes registrados y quejas recibidas se había triplicado. Al darse de una forma gradual, este incremento no llamó la atención hasta que se llegó a un punto en que el tiempo y el esfuerzo destinados a tramitar estas quejas empezaron a impactar en otros aspectos del negocio. Las personas encargadas de investigar y gestionar los incidentes no daban abasto y en algunos las denuncias era muy serias.

Se hizo evidente que algo estaba fallando y no se tardó mucho en identificar la fuente del problema: los cambios en el sistema formativo se habían llevado a cabo sin la necesaria planificación y sin los procesos básicos indispensables.

Por suerte no era demasiado tarde. Actualmente la empresa se encuentra en la segunda fase de la revisión que mi colega ha conseguido que aprobaran (al parecer requirió mucha persuasión) y que, como a menudo sucede, es básicamente una receta de sentido común –por desgracia, el menos común de los sentidos.

Yo, por mi parte, sigo soñando con tener mi propio caballo. Los niños dicen que si yo me compro uno tengo que comprarles otro a ellos, pues como no se lo compren ellos... y es que a la que te pones a mirar un poco todo lo que hace falta, la cosa sube. En fin, quien sabe, tal vez en el próximo artículo ya podré contar cómo es mi caballo.

¡Feliz 2012!



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